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Hiram Ruvalcaba

"La aparición de un cuentista como Hiram Ruvalcaba en el panorama de la literatura mexicana actual es un acontecimiento." Eduardo Antonio Parra

© Alejandra Guerrero

 

Hiram Ruvalcaba (Zapotlán el Grande, México, 1988) es narrador, atlista y profesor de literatura. Actualmente estudia el Doctorado en Humanidades de la Universidad de Guadalajara. Es licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara e Ingeniero Ambiental por el Instituto Tecnológico de Ciudad Guzmán, además de maestro en Estudios de Asia y África por El Colegio de México. Ha sido becario del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico en Jalisco en la categoría Jóvenes Creadores en 2006 y 2019 y becario del FONCA en la categoría Jóvenes Creadores en 2021. Ganador del Premio Nacional de Narrativa Mariano Azuela, en 2016, del Premio Nacional de Cuento Joven Comala, en 2018, del Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay, así como del Premio Nacional de Cuento José Alvarado, en 2020, y del Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez, en 2021. Ha publicado los libros de cuentos El espectador (2013), Me negarás tres veces (2017), La noche sin nombre (2018), Padres sin hijos (2021) y el libro de crónicas Los niños del agua (2021), así como las traducciones Kwaidan. Extrañas narraciones del Japón antiguo (2018) y El romance de la Vía Láctea (2017), ambas del autor Lafcadio Hearn.

 

Todo pueblo es cicatriz

Derechos adquiridos por:

Literatura Random House (Mundiales en español)

 

 

 

Padres sin hijos

Editorial Universitaria UANL, 2021 /  112 páginas

 

 

 

Premio Nacional de Cuento José Alvarado 2020

 

 

 

 

 

 

Desde los tiempos bíblicos los vínculos entre hijos y padres han sido en extremo tortuosos. Aun si por lo general se cree que se sustentan en el llamado de la sangre, los años de convivencia —o de la falta de esta— suelen producir roces, accidentes, envidias, imposiciones, resentimientos y rencores, tanto como acercamientos entrañables, orgullos y complicidades. ¿Qué es un hijo?, parecen preguntarse los progenitores en los relatos de este libro. ¿Cómo debo proceder con él a fin de convertirlo en mi imagen y semejanza? Mientras que los vástagos contemplan a quienes les dieron la existencia oscilando entre la admiración y el repudio, entre el juicio severo y el cariño incondicional.

Hiram Ruvalcaba aborda en estas páginas uno de los temas eternos de la naturaleza humana, y lo hace con el pulso firme, el instinto y la precisión de un cuentista consumado. El desarrollo de sus historias, los estudios psicológicos de los personajes, los remates contundentes, sus estrategias narrativas resultan extraordinarias. Cada una de las piezas que integran Padres sin hijos explora un plano diferente de la paternidad hasta conformar un universo trágico en el que, gracias a la magia del lenguaje literario, los lectores acabarán reconociendo sin remedio algún aspecto de sus propias relaciones paterno-filiales.

Con Padres sin hijos, Hiram Ruvalcaba obtuvo el Premio José Alvarado de Cuento 2020, convocado por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Quien se adentre en él advertirá, desde las primeras páginas, que se halla ante la obra de uno de los narradores jóvenes mejor dotados para el género. Eduardo Antonio Parra

 

 

Los niños del agua

Fondo de Cultura Económica, 2021 / 141 páginas

 

 

 

Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2020

 

 

 

 

 

 

En Los niños del agua, el narrador jalisciense Hiram Ruvalcaba emprende un viaje a Japón, adentrándose en su religión, su filosofía y su literatura, que es –en todo momento, a cada línea– un paseo conmovedor por su mundo interior, ese en el que habitan el duelo, la pérdida y el dolor ante la muerte de Tristán, su hijo. En este conjunto de crónicas —que debe su título al mizuko kuyō, una ceremonia luctuosa del budismo japonés con la que se despide a los recién nacidos y a los fetos— Hiram nos recuerda que el olvido es una forma de ignonimia para nuestros muertos. De ahí que, valiéndose de las herramientas del testimonio y la literatura del yo, en ese tour de force de expresar lo indecible, escriba: “Un altar es un amuleto de amor, un faro que se enciende contra el olvido, nuestra manera de decirles a nuestros muertos amados que jamás renunciaremos a su memoria”.

“Siempre tuve miedo de que el alma de mi niño no hubiera logrado asirse a algo, que se hubiera quedado náufrago en una oscuridad interminable incapaz de avanzar hacia ninguna luz o ningún paraíso”, escribe Hiram. Eso es lo que lo motiva a adentrarse en el mundo espiritual y filosófico del budismo japonés, en el que encuentra explicaciones menos categóricas sobre el destino de nuestros muertos. Y esa exploración, con un halo místico, es reconfortante porque nos distancia, por un momento, de esa culpa católica instalada en el imaginario de occidente.

Antonio Porchia, el gran aforista, escribió: “El dolor está arriba, no abajo. Y todos creen que el dolor está abajo. Y todos quieren subir”. Hiram, en su caso, en estas siete piezas de no ficción contenidas en el volumen, no teme ascender esas aguas turbulentas de la muerte y contemplar ese dolor resplandeciente, luminoso, purificador.  Erick Baena Crespo

 

 

Me negarás tres veces

Puertabierta Editores, 2017 / 90 páginas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La aparición de un cuentista como Hiram Ruvalcaba en el panorama de la literatura mexicana actual es un acontecimiento: pocas veces nos encontramos ante un narrador que desde sus textos iniciales muestre un dominio del lenguaje y de la técnica tan preciso, cerebral, y a la vez tan enfocado a exponer las pasiones humanas y sus consecuencias en los individuos que las padecen.

Si hubiera que escoger una sola palabra para definir sus relatos, esa palabra sería tensión. Tensión en la mujer que va en busca de la amante de su marido para acabar con el tormento de los celos, en el padre de un niño agonizante que acude a quien una vez fue su amigo por un préstamo para comprar el remedio que le salvará la vida, en el migrante que luego de ser deportado del norte se encuentra con que la migra mexicana lo quiere enviar a Centroamérica, en el hombre maduro que se debate entre la lujuria y la culpa de estar en la cama con una adolescente, en el sicario herido que no sabe si vive en el presente o cien años antes, en los habitantes de un pueblo donde una camioneta misteriosa ha abandonado doce cabezas humanas. Eduardo Antonio Parra

 

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